Llegar a casa después de la demolición, y encontrar a papá en la computadora haciéndolo mejor de lo que esperaba, y mamá anunciándome que retomó el negocio de los chocolates. Todo está bien.
No pude evitar recordar la canción de arriba con la terapia del último lunes. Quizás Nacho Vegas sea una de las experiencias más depresivas y deprimentes que haya vivido en cualquier tipo de arte -desde el Lobo de Herman Hesse- pero me salva la vida al sentarme en la mesa más oscura junto a mis demonios.
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