Tengo que narrar un episodio pintoresco bastante reciente. Quizás un reflejo de que estoy tomando decisiones positivas es el decidirme, finalmente, por hacer algo trascendental en cuanto a mi sobrepeso.
Empecemos por un pequeño detalle fundamental: a mi me jode mucho mi sobrepeso.
Y no necesariamente es que asocie, explicitamente, derrepente si en el fondo, no se, el sobrepeso con algo realmente malo. De hecho la delgadez me parece aburrida, me gustan las chicas no-flacas (mejor dicho, no me gustan las flacas), creo que los hombres delgados se ven mejor pero tampoco es que me fije en quien es panzón o no para incluírlo en mi círculo de amigos. De hecho creo que va un poco de la mano con mi frivolidad: ropa apretada vs rollitos, no son muy compatibles EN MÍ Y A MI OPINIÓN. Frivolidad extrema, es cierto, pero si pensamos que me gusta mucho, muchisimo, demasiado, al extremo, la ropa apretada -de hecho me compraría frenéticamente ropa si no hubiese aprendido ya a controlarme en ese tema- va teniendo lógica que me fije en los asuntos del peso (de nuevo, en mi, a gusto pesonal).
De acuerdo, analicemos un poco más. El sobrepeso lo he asumido como algo poco saludable. Desde que tengo los hábitos que me hicieron subir 15 kilos desde hace 6 años, realmente NO ME HE SENTIDO FÍSICAMENTE BIEN. Pero es cierto, más me preocupa mi condición de autoestima que la salud!!!!
A veces quisiera ser purista y consecuente: quiero bajar de peso por salud. Realmente quiero bajar de peso por un tema de autoimagen. Quiero que mi cuerpo sea de tal manera, es mi cuerpo, y tengo derecho a querer que se vea de tal manera mientras pueda manejarlo -sería paja ser más alto, pero eso no se puede cambiar y no me molesta, todo bien- sin embargo lo del peso si puedo manejarlo, entonces lo manejo y es así.
El detalle pintoresco: Mi reciente inversión ha sido el gimnasio Personal Training. Casi un servicio militar donde me disciplinaré, cosa que no me vendría nada mal, para posteriores rutinas de deporte (sueño, y esto es en serio, en practicar natación, nadar largos minutos en soledad y salir de la piscina relajado, y para eso quiero no sentir vergüenza de desvestirme en público). Me permito el lujo y el empujoncito más que nada porque aún me está costando tomar decisiones fuertes, así que opto por un poco de presión.
Después de todo este razonamiento excesivo sobre por qué me interesa bajar de peso, me pongo a pensar que cada cosa que hago debería tener una razón. Y esa razón, en esencia, debería estar ligada a mi satisfacción personal. Todo, de un modo u otro, es por mí y para mí. Lo que los demás perciban de eso viene luego. No me siento bien con mi peso. No me siento bien no habiendo planificado metas. No me siento bien no sintiendome bien. Creo en todo caso que estoy encontrando, en la punta de mi nariz, la fórmula para llevar las cosas con más coherencia, con un camino mejor trazado, objetivos, metas, cosas que hago porque quiero hacerlas. El pasado-fracaso-frustración va perdiendo importancia cuando "todo lo que no se pudo" deja de ser más interesante que todo lo que se puede ahora hacer. Incluso si la única motivación es QUE ME DA LA GANA.
Que paja es sentir ganas.
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