jueves, 22 de diciembre de 2011

mi cola

Ayer me di cuenta que siempre fui un dominador en la relación con Cynthia. Y lo noté cuando, después de muchos años, tuvimos una conversación distinta donde ella dijo todo, lo dijo como nunca, lo dijo de manera irrefutable, con toda la razón, con toda la euforia, con toda la seguridad que esperé durante años de ella y que, finalmente, aparece, en las puertas de una despedida.

Traté de muchas maneras de comunicarme con ella para regañarla por lo de la agregada al Facebook. Tenemos desde hace mucho la costumbre de melodramatizar asuntos domésticos, y aunque ya no pasa tanto, es cierto, aún le dabamos demasiadas vueltas a las cosas. Me contó que tuvo una conversación con una amiga y que le narró nuestra relación "buena a pesar de todo" y ella entendió todo, menos que nos prohibamos la entrada a las redes sociales. Así que espontanea y un poco despistada como siempre me agregó y luego revocó la invitación.

Le incomodó pensar que solo quería hablar de eso, así que profundicé más y hablamos sobre la complicación al rededor de acostarnos y que eso nos arruina las posibilidades futuras de una relación. Ella me dijo que ella de momento no tiene nada con nadie y que no le molesta tampoco acostarse conmigo, que sabe que está mal pero tampoco lo quiere dejar, si fuese por ella. A la vez, me dijo que no ve la posibilidad de ser mi amiga en este momento. Ella siente cosas por mi y le gusto, y se niega a esa posibilidad de momento. También me dijo que acepta perfectamente que yo quiera seguir mi vida y eso implicaría alejarnos, cosa que ella no rechazaría. Sin embargo, yo también tendría que respetar el acuerdo y no aparecerme nunca más en su vida, forzar llamadas, mails ni nada por estilo. Ambos respetaríamos el acuerdo de alejamiento por más que nos costara.

Irónicamente, dejó la decisión en mis manos. Incluso me dijo que podía tomarme tiempo para tomar una decisión. Yo estaba bastante estupefacto al ver lo bien que llevó las riendas de la conversación, y le dije que en efecto necesitaba pensarlo. Me molestó que hiciera un poco de ruido hablando de mi frecuencia con que salgo como si yo fuese una persona extremadamente social, se lo dije, que odiaba que me juzgara o me criticara. La conversación no fue mucho más allá. Ahora pues, tengo que tomar la decisión.

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